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Pastor, tú que día y noche te entregas a buscar Al pecador perdido que en el abismo está, Tú que sufres desvelos sin nunca descansar Tras esa oveja infiel que descarriada va.
Tú, Pastor, tú que siembras en cada corazón, Del bendito evangelio la simiente más pura: ¿Qué recibes en cambio de tu constante acción?--; Tristezas, desencantos, desdenes y amargura…
Mas, ¡ah!, pastor, es cierto que recibes centenas de dolores, Y es cierto que tú viertes el llanto sobre el llanto. Pero también es cierto que encuentras muchas flores Cuyo perfume rico apaga tu quebranto.
Pastor: Sigue escribiendo el libro de tu historia Y deja en cada página una sagrada huella: Que el premio lo tendrás allá en la gloria Y en cada oveja salva tendrás allá una estrella.
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